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domingo, 30 de octubre de 2011

Proficiency despite multiglossia: sobre la importancia del ‘āmiya y el wusṭà en la configuración del árabe fuṣḥà


Proficiency despite multiglossia: sobre la importancia del ‘āmiya  y el wusṭà en la configuración del árabe fuṣḥà


Moisés Garduño García
Centro de Enseñanzas de Lenguas Extrajeras y Facultad de Ciencias Políticas y Sociales UNAM

Resumen
Este artículo trata de reflexionar sobre la importancia de los tres registros más comunes de la lengua árabe, el dialecto, el árabe medio y el fuṣḥà, en su aprendizaje integral como lengua extranjera en el salón de clases. El objetivo del texto es explicar cómo a través de la historia de la lengua árabe los tres registros han estado presentes a la hora de configurar al árabe como lengua extranjera y vislumbrar así la posibilidad de obtener un dominio a pesar de la diversidad lingüística en el mundo de dicha lengua.


Palabras clave: árabe medio, dialecto, multiglosia, proficiency




Introducción

En el salón de clases, un fenómeno particular es aquel donde el estudiante descubre que la mayoría de lo estudiado con base en sus libros de texto y manuales de traducción no será usado como tal en la forma de hablar más común por los árabes y, por otro lado, el descubrimiento de que dicha forma de hablar entre los árabes no se estudia en demasía en el salón de clases. Dicho de otra manera, en algún momento del proceso de aprendizaje, el alumno tendrá la sensación de estudiar una gramática que no se habla en las calles y no estudiar muchas formas que dominan el discurso en el arabo parlante. Dicha experiencia, lleva muchas veces a los estudiantes a desertar del aprendizaje del aula, sobre todo en cursos de iniciación o introducción a la lengua, fenómeno recurrente incluso en las universidades más prestigiosas del mundo que forman especialistas en los temas sobre Oriente Medio y Estudios Árabes.
     Ciertamente lo estudiado en las aulas constituye una de las herramientas más básicas e importantes para profundizar cada vez más en el estudio y aprendizaje de una lengua como el árabe. El árabe normativo, presente en la mayoría de los programas universitarios, reúne métodos tradicionales como la nemotecnia, rutina-repetición, aprendizaje de vocabulario y traducción, que se han mezclado hoy en día con otros como el enfoque comunicativo, la inmersión, descubrimiento, método silencioso, el aprendizaje comunitario, entre otros, mismos que han respetado el lugar central de la gramática en el proceso de aprendizaje no solo como el referente para corregir errores y sistematizar aciertos sino también como eje para compatibilizar norma y excepción, conceptualizar herramientas ajenas a su catálogo, proporcionar ahorro de tiempo y servir como ancla del conocimiento en determinado momento para profundizar en ciertos aspectos que, una vez que el alumno adquiera, podrá saltar a otro nivel de aprendizaje y anclar de nuevo (Otero, 1998: 7).
     Ante dicha propuesta, y en vista de que la lengua árabe de hoy no es solamente un entramado de reglas gramaticales destinado a memorizarse mediante el más puro y riguroso método de gramática-traducción, este artículo defiende el hecho de que la enseñanza y el aprendizaje de la lengua árabe actual incorpora herramientas tanto de un registro como de otro y traslada hacia un enfoque integral-comunicativo la perspectiva de la adquisición de un proficiency despite multiglosia en dicha lengua.

1.    Los registros en la lengua árabe

Hoy en día, los hablantes del árabe presentan varios registros en su lengua que, a groso modo, suelen ser clasificados por los especialistas en dos. Por un lado, la variante “elevada” o “elocuente” (fuṣḥà), registro de los medios de comunicación, la prensa escrita y la literatura, y por el otro, el registro de la expresión cotidiana, comunicativa y generalmente informal llamada dialectal (‘āmiya, dāriŷa o lahŷa) (Ferrando, 2001: 13). Esta dualidad lingüística, a la que se le denomina diglosia o multiglosia, ha dominado e informado la realidad de la lengua árabe a través de los tiempos por lo que hoy en día es común que se le denomine una macrolengua, es decir, una lengua que existe y se manifiesta en diversas variedades no siempre comprensibles entre sí.
     Así, autores árabes y no árabes han tenido diferentes perspectivas sobre el papel que la ‘āmiya, la dāriŷa o la lahŷa ha desempeñado en el aprendizaje de la lengua fuṣḥà, pues es verdad que éste último registro no se constituye como lengua materna de ningún arabófono, persona que sin embargo sí aprenderá su propio dialecto como hablante nativo. Así, hay quienes piensan que la lengua clásica es una lengua muy diferente al dialecto ya que éste se ha desviado de la fuente (literaria) de la cual proviene (Zaidí, 1983: 326) mientras otros afirman que se trata de una convivencia armónica entre lenguas que se separan por arcos meramente imaginarios (Dayf, 1990: 8). Ante esto, y desde la aparición de las primeras gramáticas sistematizadas, se comenzó a enseñar la lengua elocuente como la lengua árabe más útil para nativos y extranjeros al ser con la que mejor se podía conseguir un trabajo en la corte, expresar las mejores ideas, llevar a cabo una buena gestión burocrática y muy importante, ser la lengua en la que habría sido escrito el mensaje de la religión islámica. Sin embargo, hoy en día y en la práctica, las posibilidades de intercomprensión y comunicación entre ambos registros son altas y resulta conveniente familiarizarse desde el principio con ambos registros debido a su complementariedad (Aguilar, 2011: 13).
     Ese mismo debate ha servido para que los hablantes del árabe reflexionen sobre la diversidad lingüística y cultural de su idioma, y se ha agregado otro elemento más al binomio dialectal-elocuente llamado “árabe medio” o wusṭà ( وسطى), registro definido como aquella lengua que se caracteriza por estar formada de las desviaciones de las normas gramaticales del árabe clásico o normativo con el vocabulario y la idiosincrasia del dialecto (sobre todo percibido en la fluidez de la comunicación oral y la creación de nuevos conceptos y la desaparición o transformación de otros a partir de la convivencia social y cotidiana del árabe con su entorno y con otras lenguas extranjeras) (Gallego, 1997: 39)[1]. Así, la cuestión radica en otorgar a esta complementariedad el carácter de “nuevo registro de la lengua” (árabe medio) o solo estudiarlo como el resultado de la interacción entre los dos registros mencionados anteriormente.
     Cabe señalar, que con todo y su variante dialectal y el eslabón del árabe medio, el árabe de hoy en día presenta una notable unidad a nivel de lengua escrita originado en gran medida por las bases de los estudios lingüísticos y gramaticales del fuṣḥà en el Corán y otros textos normativos y, más recientemente, por el impulso de procesos de reanimación y re significación político-cultural de la nahda o renacimiento árabe (نهدة) a principios del siglo XX  evento seguido por una excepcional difusión en los medios de comunicación en años más recientes. A pesar de esto, la realidad de la lengua árabe no debe reducirse al nivel escrito solamente ya que el dominio de una lengua va más allá del binomio lectura-escritura, la cual si bien es fundamental para hacerse de las bases gramaticales que la rigen se vuelve estrictamente auxiliar para su expresión oral y comprensión auditiva.

2.    La lengua normativa

La sistematización de la lengua clásica es muy importante dado que se aportaron elementos como la pausa, casos de concordancia en género y número, elementos de fonología y grafonomía y otras que hicieron del árabe una lengua culta, universal y de prestigio en aras de la necesidad que el Imperio islámico demandaba para su expansión en los primeros siglos después de la muerte del Profeta Muḥammad (Hourani, 2001: 158-172). Uno de los gramáticos más prominentes que se encargó de hacer tales ajustes a la lengua árabe fue Abū al-Aswuad al-Du´alī a quien además se le atribuyeron otras innovaciones como las ideas de las tres vocales (fatḥa, ḍamma, kasra), la pausa glotal (ḥamza) y la geminación (šadda) (Calvet, 2007, 196).
     En dicho proceso el Corán sentó las bases de una relación especial, duradera y complementaria entre el Islam y el árabe. Mientras la lengua fue un medio muy eficaz de transmisión del mensaje religioso, el Islam le otorgó el carácter de universal y la expandió más allá de las fronteras de la Península Arábiga. Sin el Islam, y sin el Corán en particular, la lengua árabe habría tenido una evolución dispersa que tal vez hubiera constituido el nacimiento de otras lenguas regionales con registros orales y escritos propios, fenómeno parecido a la experiencia del latín de la Europa del siglo XVIII cuando de él derivaron varias lenguas catalogadas hoy día como lenguas romance[2].     
     A grandes rasgos, las principales características del árabe normativo o clásico sistematizado por los gramáticos del siglo VIII son, en la grafonomía, la forma escrita de la letra que sería cursiva, de derecha a izquierda y con grafemas especiales y marcas diacríticas; en la fonología, el elenco fonológico clásico de 28 fonemas consonánticos y 6 vocálicos, y en la morfología, la interdigitación de un morfema radical o raíz trilítera y muy pocas veces de cuatro caracteres. La aparición de este cuerpo ordenado de ideas trajo muchos efectos positivos en términos lingüísticos para los hablantes del árabe dado el interés de leer mejor y mantener la fidelidad del mensaje divino. Se desarrollaron los primeros compendios gramaticales, se perfeccionó el alfabeto, se mejoró la precisión de las expresiones a través de nuevos conceptos, más significados y construcciones de argumentos que más tarde serían los pilares para documentar la retórica árabe, e incluso, gracias a los avances en gramática a través de instituciones como la “Casa de la sabiduría” o bayt al-ḥikma (بيت الحكمة), dependiente del califato abasí en Bagdad, se pudieron publicar obras del pensamiento pre islámico como las “Odas Colgantes” o mu‘allaqāt (معلقات) en un pleno intento por revitalizar la cultura árabe que era constantemente influenciada por la cultura persa en aquel entonces. Asimismo, fue gracias a Ḥamād al-Rāwiyya, un gramático del momento, que la lengua árabe pudo regresar a la época oral de la ŷāhiliyya no solo a revisar sus obras sino a dotarles de una estructura, clasificación, orden y divulgación escrita[3]. Un ejemplo de lo anterior es el florecimiento de la caligrafía, una práctica definida por los expertos como “la síntesis de las artes en la cultura árabe” que simplemente nacería bella, pues ciertamente el árabe había cultivado su lengua a través de la palabra, con elocuencia y entonación, inversión que se vería plasmada en lo visual a través de los trazos que ahora jugarían con el ojo como la poesía con el oído, embelleciendo su espacio y marcando el fin de la etapa en la que la realidad verbal eclipsaba a la visión estética (López, 2009: 43).

3.    Los dialectos y el árabe medio

Se le llama neo árabe a la serie de dialectos que aparecieron justo en el comienzo de la expansión del islam cuando los nuevos conquistadores árabes mezclaron sus lenguas con las de otros pueblos como el persa, el bereber, el latín, el griego, ente otros. Estos dialectos neo árabes serán el antecedente inmediato de los dialectos modernos que incluyen también palabras tomadas de lenguas de otros imperios como el turco, el francés y el inglés, lo que aunado con la lengua clásica del Corán y la literatura de la época de oro del Islam dará origen al fenómeno de diglosia o multiglosia contemporánea.
     El dialecto generalmente fue y es hablado por personas no letradas y ajenas a la literatura. Por un lado, hay personas que carecen de un nivel cultural y educativo básico lo cual representa un obstáculo para su acercamiento a la lengua normativa y reduce su uso a meras memorizaciones de azoras del Corán o proverbios aprendidos en el barrio. Sin embargo, también hay personas que hablan el dialecto y a la vez usan la lengua normativa a través de sus registros oral y escrito, lo cual hace que funcione el fenómeno de diglosia o multiglosia en caso de manejar más de dos dialectos[4].
     Históricamente, se han señalado dos ingredientes importantes en la génesis de los dialectos: la influencia ya comentada de las lenguas sustátricas de cada zona y la creación de pidgins  o lenguas simplificadas para la comunicación inmediata, el cual alude a la posibilidad de que la gente conquistada fuera creando un sistema simplificado de lenguas que luego evolucionaría hacia los dialectos debido a la necesidad de adaptación al árabe para sobrevivir dentro de las fronteras del imperio musulmán (aunque ellos no se islamizarían), tal es el caso de los judíos y los cristianos cuyas hablas dieron origen a la lengua que hoy se conoce como el judeo-árabe y el árabe medio cristiano, el primero encontrado mayoritariamente en las regiones del sur de España y el segundo en el sur de Palestina y la Península del Sinaí.
    Esta riqueza lingüística dificulta una definición de árabe medio o wusṭà como un registro particular, sin embargo, podemos definir a dicha lengua como el uso del árabe clásico junto con palabras o frases coloquiales de la misma u otra lengua sobre todo, pero no exclusivamente, a nivel escrito. Se trata de un esfuerzo por manejar el árabe adecuadamente aunque con el desliz del dialecto plasmado en cartas, documentos oficiales y otros materiales los cuales presentan “faltas de ortografía” y que regularmente tienden a uno de los dos polos en cuestión de vocabulario. Como ejemplo, podemos citar la información recopilada en los archivos de Simancas y de Sidonia publicadas en un libro llamado “Cartas Marruecas” donde domina el tema de la correspondencia entre la dinastía Sa‘adī en Marruecos y la de los Austrias de España entre los siglos XVI y XVII, la cual presenta dilectísimos y una incompleta adaptación a las normas de la gramática clásica, en gran medida tomando como referente la gramática del Corán. Estos documentos son ampliamente interesantes porque los escribas tenían la firme intención de escribir adecuadamente  apegándose lo más posible a la lengua codificada a veces escrita en bella caligrafía y con intenciones lingüísticas individuales sin lograr totalmente su cometido (Vicente, 2003: 317). Como ejemplo de este tipo de árabe podemos citar los siguientes casos de error o desaparición de la hamza (ء):
Ø  سئال en lugar de  سؤال / “pregunta” 
O con otros errores con la sustitución de la hamza (ء) por una ya´ (ي):
Ø  دايما en lugar deدائما   / “siempre”
La pérdida de puntos diacríticos de la ta´ marbūṭa:
Ø  طنجه en lugar deطنجة   / “Tánger”
O la sustitución de la ta´ marbūṭa (ة ) por una ta´ abierta ( ت ):
Ø  خليفت en lugar deخليفة   / “califa”
O lo contrario:
Ø  الوقة en lugar deالوقت    / “el tiempo”
     Los textos del árabe medio abarcan un espacio casi del tamaño de aquel de los dialectos, y un gran período de tiempo que puede ir desde el nacimiento del Islam (si no es que antes) hasta nuestros días. Los especialistas sitúan por lo tanto varios estilos de árabe medio de acuerdo al tipo de árabe de la época: el de los tres primeros siglos de la Hégira, la época del árabe imperial y por último la época del renacimiento árabe del siglo XIX. Sin embargo, y a pesar de la gran cantidad de textos y formas de árabe medio, la influencia escrita de los documentos en lengua normativa representó una mayor relevancia no solo para Oriente entero sino también para las otras lenguas de los centros de poder, especialmente Europa, dejando el árabe medio y sus documentos para acciones meramente burocráticas a nivel local.

4.    El árabe medio hoy en día

Nunca en su historia la lengua árabe clásica había gozado de tanta difusión alrededor del mundo (en gran medida gracias a los medios de comunicación modernos) lo que ha causado que los escritores muchas veces tengan a la mano el referente directo de la norma clásica para sus trabajos en versiones electrónicas o mejor aún, que el uso de otros tipos de árabe como el dialectal o el árabe medio se puedan escuchar y comparar mediante registros orales y no solo escritos. Un ejemplo de esto se puede encontrar en el discurso político, en el que el orador muy a menudo comienza ajustándose lo más posible a la lengua normativa mientras poco a poco, dada la intensidad de su mensaje, va acercándose a la introducción del dialecto donde puede esconder expresiones con más viveza, naturalidad o proximidad con sus interlocutores. Lo mismo pasa, por un lado, en las sátiras cómicas de los periódicos que critican a algún personaje o institución donde, sin acusarlos directamente, se escogen frases en lengua dialectal ya sea para suavizar o aumentar su crítica puliendo así el uso de la lengua con el conocido sentido del humor o, por otro, en algunos programas de televisión de al-ŷazīra donde los invitados parecen hablar bajo las normas de la lengua elocuente pero, conforme el debate va subiendo de tono, la lengua que expresan pierde la estructura normativa y se mueve constantemente entre los límites de lo coloquial y el árabe medio[5].
     En el lenguaje cotidiano, el árabe medio ha estado presente y domina en gran parte de la sociedad árabe dedicada al comercio, la educación, los servicios, la política y los medios de comunicación gracias al reimpulso del renacimiento árabe o nahda (نهدة) iniciado en el siglo XIX y con su auge en el XX. Este proceso, el de la colonización europea y, en palabras de Muḥammad Arkūn, el de la irrupción de la modernidad (Arkoun, 1993: 110) representó en cuestiones lingüísticas un momento en el que la lengua árabe vivió un período de modernización intelectual, reforma y reajuste ante la irrupción del sistema económico, lingüístico y cultural  europeo, proceso manifestado en la construcción de colegios al estilo occidental en el norte de África, los códigos de vestimenta y la influencia de lenguas como el francés y el inglés y otros fenómenos seriamente cuestionados por los eruditos árabes de ese momento quienes vertieron sus respuestas en dos tendencias que se pueden puntualizar básicamente de la siguiente manera; una de tipo endógena que tratará de defender la lengua árabe a partir de sus normas más reputadas con base en la gramática creada en la edad de oro del islam, y una segunda de carácter exógeno, que se manifestaría en la aceptación del modelo de las ciencias y las artes occidentales como un método para alcanzar el progreso en la sociedad. Dichas tendencias no serían contradictorias y por el contrario trabajarían complementariamente para evitar la marginalidad de la lengua en este momento de la historia.
     Uno de los exponentes e intelectuales más sobresalientes de esta época fue Rifā‘a Rāf‘i al-Țahṭāwī quien fue considerado como uno de los adaptadores de las reformas en el mundo árabe de la época y gracias a quien se animó el establecimiento de la imprenta en Egipto, lo que a su vez dio pie al florecimiento de nuevas ideas europeas entre ellas el nacionalismo (Said, 1999: 639). La imprenta en Egipto vio su nacimiento en Būlāq en 1821 y uno de sus primeros efectos fue el inmediato desarrollo de materiales de divulgación como los periódicos y las revistas aunado posteriormente a la creación de las academias de Lengua Árabe en El Cairo y Damasco, las cuales tuvieron que rehacer programas de estudio y visualizar métodos de enseñanza para un buen dominio de la lengua a pesar de su diversidad con tres objetivos bien planteados: 1) preservar la pureza y la integridad de la lengua árabe, 2) conseguir que el árabe afrontara las necesidades expresivas modernas y 3) hacer del árabe un medio de comunicación para el mundo moderno. Con lo anterior se trataba de proteger la lengua de amenazas que pudieran corromperla pero al mismo tiempo reconocer sus carencias y amoldar nuevos términos a las estructuras y opciones que ofrecía la lengua árabe a partir de varias técnicas como la analogía, esto es, buscar un término árabe para el nuevo concepto, por ejemplo, sayāra (سيارة ) “caravana” para el concepto “automóvil”; la composición de una nueva palabra para el término como por ejemplo qablu al-tārīj (قبل التاريخ) para el concepto “prehistoria”; la arabización del término, como en el caso de “televisión” que se dio en el término  talfaza (تلفزة) u otras técnicas no recomendables como el préstamo directo de términos como el caso de rādīū (رادىو) para “radio” o fīdīū  ( فيديو) para “video”.
     Lo antes mencionado ha impulsado a los investigadores a proponer la designación de Modern Standart Arabic o Árabe Culto Moderno al resultado del árabe de la nahda, situación que se puede considerar como la modelación de un nuevo árabe medio para la época contemporánea a raíz del trabajo de los gramáticos y las Academias de la Lengua del siglo XX tal como pasó en su momento con la lengua árabe en la época de oro del Islam.  A final de cuentas, la estandarización de la lengua ha sido un proceso que ha incluido y contiene muchos elementos ajenos a ella relacionados con los avances de la tecnología y las nuevas preocupaciones sociales y políticas del mundo árabe, siendo así, en pocas palabras, un árabe rico y elocuente fruto de la mezcla de las reglas normativas de los estudios clásicos con la idiosincrasia y la realidad de la modernidad.
     Hoy en día, esta lengua estándar es aquella que se enseña en la mayoría de las universidades árabes y no árabes donde existen estudios arabo-islámicos, y donde los profesores del árabe tenemos un reto del tamaño de la misma lengua ante la diversidad que está por venir en el mundo actual. Particularmente, los problemas políticos y sociales de la zona de Oriente Medio (en gran medida ocasionados por agentes externos a ella) han causado la necesidad de lidiar con nuevos términos que nos ayuden a explicar su realidad actual ya sea en prensa o en discurso. Entre tales ejemplo podemos citar los términos  “binlādiniyya” (بنلادنية ) que se usaría para estudiar la ideología del ya desaparecido líder de la red terrorista al-qā´ida y que se forma de una nisba del nombre propio, “‘awlama” (عولمة   ) que se usa para el término “globalización” y que se forma a partir del nombre árabe que significa “mundo” (عالم) y un paradigma propio del sustantivo parecido a lo que pasó con el término “arabidad” el cual se escribe ( عوربة) y se lee “ruba” y otros ejemplos como el término “slāydāt” (سلايدات) que se usa para describir a las diapositivas de una presentación en power point o el término “qamastān” (قمعستان) que se compone de un vocablo persa al final de la palabra ( ان) que muchas veces se usa para designar nombre de lugares con el nombre árabe que significa “sometimiento” pudiéndose traducir como “el lugar del sometimiento” (Martinez, 2004: 339).
     Otro ejemplo claro del uso contemporáneo de este árabe medio contemporáneo se puede observar, visual y verbalmente, en el lenguaje contestatario de las recientes manifestaciones en los países árabes. Expresiones léxicas como “vete” o  irḥal (إرحل) y “el pueblo quiere desmantelar el sistema” o al-ša‘b yurīd isqāḍ al-niẓām (الشعب يريد اسقاط النظام) se han mezclado además con el dialecto cotidiano en Egipto o Yemen haciendo uso de un árabe que tiene que organizar la protesta al interior de la plaza, el barrio, la mezquita y el hospital, y al mismo tiempo expresar sus legítimos reclamos al exterior a través de los medios electrónicos de comunicación, el periódico o la universidad. Una vez más, es en tiempos de crisis, donde la lengua reluce como un elemento importantísimo de identidad en el pueblo árabe, jugando con las reglas gramaticales del fuṣḥà, los verbos y palabras de las formas dialectales y la incorporación de conceptos actuales como “libertad de expresión” o ḥurriya al-ta‘bīr (حرية التعبير) y “libertad de prensa” o ḥurriya al-ṣaḥāfa (حرية الصحافة), para hacer de esta práctica cultural una herramienta de contestación política social en las relaciones asimétricas de poder, todo esto en este preciso momento (Suleiman, 2004: 7-9).

Reflexiones finales

La introducción paulatina de gramáticas, idiosincrasia, vocabulario y otros elementos del árabe no normativo en el curso de árabe culto moderno puede ser una herramienta que vaya sensibilizando al estudiante al acercamiento de la lengua en el terreno ajeno al salón de clases, no solo hablando del mercado o el barrio árabes sino también de los espacios donde supuestamente predomina el árabe fuṣḥà tales como la prensa y otros medios de comunicación pues, como se ha visto en este artículo, dichos espacios están llenos de una mezcla de registros de la lengua que se cruzan uno a otro dependiendo del uso del lenguaje y la circunstancia social de los hablantes, lo que hace del árabe una lengua flexible y rica llena de elementos normativos y no normativos tanto a nivel escrito como a nivel oral.
     La reunión de elementos normativos  y no normativos en el árabe ha sido un fenómeno muy recurrente a través de la historia de esta lengua y el enfoque comunicativo que rige la mayoría de los cursos hoy en día se adapta a dicha característica en las actuales circunstancias. Así, ante la existencia de estos registros de la lengua, no está de más reflexionar sobre la importancia de la sistematización escrita de la lengua a partir del Corán y su uso junto con otras fuentes literarias como herramienta de referencia gramatical en la enseñanza de la lengua en el salón de clases después de siglos y siglos de normatividad, sin embargo la inclusión de otras perspectivas lingüísticas, vocabulario y demás expresiones de la realidad actual árabe nos impide reducir el conocimiento estructurado a partir de la norma escrita y nos exhorta a ampliarlo con la ayuda de mecanismos insertados en los regitros dialectal y del árabe medio.
      Una vez que el hablante del árabe haya reflexionado sobre la diversidad lingüística de su idioma, de los estereotipos que lo rodean, de su historia, de la existencia de diversas perspectivas sobre él y se asuma como objeto y sujeto de estudio a la vez, entonces solo así se podrá iniciar en la aventura de alcanzar un dominio de la lengua que le permita comunicarse con facilidad en medio de dicha diversidad y riqueza lingüística.

Fuentes utilizadas


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Ø  Zaydí G. (1983).  Fiqhu l-lugati arabiyya. Mosul: Sin nombre de editorial.



*  Para efectos del siguiente artículo, se utilizará el sistema de transliteración de los arabistas españoles de la Revista de Estudios Árabes AL - QANȚARA, sucesora de la Revista AL-ANDALUS, con el uso de mayúsculas para los nombres propios, la supresión de la hamza al inicio de la palabra, el artículo al con un guión unido a la palabra que determina (sin hacer diferencia entre las consonantes solares y lunares) y la repetición de la letra para la geminación. La tāʾ marbūṭa no se escribirá excepto en la palabra ṣalāt para hacer referencia al concepto de “oración”.
[1]  Tal es el caso del judeo-árabe, lengua que se conoce también como judeo-árabe clásico por ser una etapa de brillantísima producción judía en lengua árabe y en la que se compusieron las obras más renombradas o clásicas de esa mezcla. Los rasgos peculiares de esta variante lingüística son básicamente dos: a) utilización del alfabeto hebreo y b) la inclusión de léxico de la lengua hebrea bíblica (y en menor medida del arameo).
[2] Cabe señalar que el latín aún es denominado como Idioma Oficial en el Estado Vaticano y no solo como una lengua litúrgica. Sin embargo, es pertinente notar que a pesar de ser considerada como tal, el idioma de facto en el Vaticano es el italiano.
[3] Pero también hay un debate sobre tal situación. Țaha usayn, un influyente escritor egipcio del siglo XX, puso en tela de juicio la autenticidad de la reconstrucción de la poesía pre- islámica a través del árabe clásico sistematizado. Véase parte de su obra en usayn, Taha.,  Al-adab wa-l-naqd fī l-adab al-ğāhilīya: Fuṣūl fī l-adab wa-l-naqd ; Min ḥadīṯ al-šiʿr wa-l-naṯr , Bayrūt : Dār al-Kitāb al-Lubnānī, 1973. Pp. 723.

[4] También hay muchas personas que se interesan en aprender el árabe clásico con fines meramente religiosos sin importar su nivel educativo o cultural. Lo que es más, en Egipto por ejemplo, un nivel educativo alto se suele demostrar con el dominio del inglés y/o francés más que con el del árabe clásico, aunque para tener un buen nivel cultural, el dominio del árabe clásico es indispensable.
[5] El ejemplo del programa al-itiŷāh al-mu‘ākis es una buena ilustración de tal fenómeno.

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